
No hace mucho tiempo, a nuestro incansable vicepresidente, el coronel Martínez Delgado, se le ocurrió una nueva iniciativa consistente en incluir en la web, con objeto de que llegue a todos nuestros socios y simpatizantes de forma fácil y segura, un espacio dedicado a los primeros tiempos de la Academia por entender que su conocimiento nos abrirá la puerta a la posibilidad de despejar muchas incógnitas que aún permanecen en el limbo de la historia.
Han pasado más de 50 años desde que la Academia nació envuelta en una serie de controversias que únicamente la valentía literaria de unos pocos atrevidos que tuvieron la osadía de “novelar”, en el mejor sentido de la palabra, situaciones de las cuales apenas se tenía una inicial información, a veces contrastada y otras apenas con vestigios o suposiciones lógicas y creíbles.
Así se fue contando la historia y la intrahistoria de la Academia, avanzando lentamente en el conocimiento de una época horquillada entre 1973 y 1977, que fue, sin duda, un lustro que merece ser estudiado con pasión, pero con la mayor objetividad y rigor, pues representa un crucial momento en el cual, confluyendo diversas actuaciones institucionales con otras personales, se fue creando, de la nada, un centro de enseñanza militar de formación único, modelo y ejemplo para el futuro, que espera paciente a que se desvelen algunos de los pasajes de aquellos primeros tiempos que aún permanecen escondidos en los oscuros pliegues de la historia de las más importantes instituciones de cualquier país.
El mayor inconveniente que, desde mi perspectiva literaria y profesional en relación con la Academia, vislumbro, tiene el carácter de temporalidad que el factor cronológico, inapelable, condiciona definitivamente: las vidas de los que vivieron aquellos momentos se va extinguiendo inexorablemente y terminará con todos los que puedan contarnos en primera persona el qué, el cuándo y el porqué de aquella época. Y, entonces, me pregunto, ¿quién lo contará, qué contará, cómo lo contará y me muero de envidia por no poder seguir haciéndolo…pero es ley de vida y así será, me guste o no.
Por eso, la iniciativa de nuestro vicepresidente es importante, lógica y llena de sensatez y responsabilidad. Como presidente de la Asociación, como su fundador y como responsable de su funcionamiento y gestión, no solo apruebo la iniciativa, sino que me uno a ella con entusiasmo por entender que se acopla perfectamente a los principios esenciales de nuestros Estatutos siendo un eficaz vehículo que nos transportará con éxito al final del camino emprendido.
Y, dentro de este amplio marco que se nos aparece en el horizonte, se encuentra uno de los factores más determinantes y, simultáneamente, más olvidados: el personal de tropa destinado en la Academia.
No tengo otra fuente que la que yo mismo me preparé para llenar de contenido uno de los capítulos de mi libro RETAZOS DE UNA HISTORIA, que publiqué el año 1999 con motivo de las Bodas de Plata de la AGBS (1974-1999) y a ella me referiré a continuación para preparar el camino que nos llevará a contar la pequeña historia que hoy justifica esta publicación en nuestra web, de tan atrayente como certero título: el primer soldado de la Academia.
Comenzaba el año 1974 cuando la Caja de Reclutas 412, del Centro de Reclutamiento de Barcelona, declaraba, con fecha 1º de enero, la situación de disponibilidad del mozo ANTONIO SOSPEDRA AGULLEIRO, residente en la localidad de Hospitalet de Llobregat cuyo ayuntamiento lo alistaba en la modalidad de servicio militar obligatorio, clasificándolo como útil para el servicio militar según criterio de la Junta de Clasificación y Revisión. Asimismo, se le comunicaba su presentación en la citada Caja de Reclutas el día 17 de abril, concentración en la que le dieron a conocer las Leyes Penales dispuestas por la vigente Ley de Reclutamiento, siendo destinado al Centro de Instrucción
de Reclutas (CIR) núm. 9, ubicado en la localidad de San Clemente de Sasebas (Gerona) al que se incorpora al día siguiente.

Orden de 31 de mayo de 1974, creando la Academia General Básica de Suboficiales en Tremp.
DO 125
Este día, 18 de abril, marcaba los primeros 16 de vida de la recién publicada Ley 13/1974, de 30 de marzo, que organizaba las Escalas Básica de Suboficiales y Especial de Jefes y Oficiales del Ejército de Tierra, nacimiento que pasó tan desapercibido a nuestro amigo Antonio, como a la gran mayoría del pueblo español, incluidos los propios militares. Más preocupado estaba Antonio por superar el duro y exigente plan de instrucción que se desarrollaba en los CIR,s. y el de San Clemente no era ninguna excepción. Además, se acercaba el día del juramento de fidelidad a la Bandera previsto para el 23 de junio y los nervios se disparaban a todos los niveles.
Nuevamente, Antonio, inmerso en su aprendizaje de los rudimentos de la “mili”, no se enteró del nacimiento de una unidad militar que sería su residencia y puesto de trabajo durante un corto pero trascendente tiempo en el que consiguió los méritos necesarios para obtener el honroso título que da nombre a esta reseña. Efectivamente, el día 4 de junio el número 125 del Diario Oficial del Ministerio del Ejército publicaba una sencilla Orden, firmada el 31 de mayo, mediante la cual se creaba en Tremp (Lérida) la Academia General Básica de Suboficiales.

Fotografía aérea de la Academia en 1984
Termina el periodo de instrucción a finales de junio y el 1º de julio Antonio es destinado al Regimiento de Cazadores de Montaña “Barcelona” núm. 63 en el que, apenas permanece un escaso mes ya que, por una disposición de la Dirección de Organización y Campaña del Estado Mayor Central, el 1º de agosto es destinado a la Academia.
El Campamento Militar “General Martin Alonso”, sede de la Academia, se encontraba en aquellos momentos en un desenfrenado frenesí organizativo preparando todo para cumplir la orden del ministro del Ejército, general Coloma Gallegos, de que el comienzo del curso de la primera promoción sería, sí o sí, a principios de noviembre.
Después de las variadas actividades que se desarrollaron en el Campamento desde su inauguración oficial el 29 de junio de 1963, aunque desde mayo de 1959 ya servía de sede para instrucción, maniobras y actos solemnes de las unidades de la División de Montaña “Urgel” IV, hasta la creación de la Academia, más de 60.000 personas lo habían utilizado, siendo las dos últimas el CIRE (Campamento de Instrucción de Reclutas Especialistas) y el Curso Selectivo para el ingreso en la Academia General Militar.
Esta disminución de la carga de trabajo del Campamento, lo dejó en una situación cercana a su desapa-rición, obligando a crear una Compañía de Mantenimiento y Custodia cuyos cometidos quedan perfectamente definidos en su nombre, mientras se espera que nuevas decisiones le permitan un mejor futuro. No se puede olvidar que en 1965, cuando se crean los CIR,s. y este Campamento se queda sin razón de ser, apenas habían transcurrido seis años, escaso desgaste para una instalación a la que su mentor había convertido en un modelo para el futuro.
Cuando Antonio llega destinado a la Academia a principios del mes de agosto de 1974, mandaba la citada Compañía el capitán de Artillería Tomás Vadillo Maroto quien, aprovechando las primeras vacantes que se publican de la inicial plantilla de la Academia que el Estado Mayor Central convoca entre el 1 de junio hasta el 7 de octubre (DO,s. 126 a 229), consigue su primer destino de comandante, al haber ascendido a este empleo en el mes de septiembre, permaneciendo en la vacante hasta su ascenso a teniente coronel en 1983.

El comandante Vadillo, saludando a S.M. El Rey D. Juan Carlos,
el día 15 de julio de 1983, a la terminación del Acto en la
Gran Explanada de Entrega de Títulos de Empleo de Sargento a
la VII Promoción. En el mes de septiembre ascendió a teniente
coronel y se despidió definitivamente de la Academia en la que
estuvo destinado casi nueve años.
A la vista de lo que nos va a contar Antonio a continuación, llama la atención la perspicacia y el “ojo clínico” demostrados por el entonces capitán Vadillo quien, en el breve plazo de unos pocos días, había captado la inteligencia, la predisposición y la capacidad de trabajo de nuestro protagonista para proponerlo como principal y casi único auxiliar del comandante de Caballería DEM José Luis Urquijo Chacón, destinado en la Comisión para la organización de la Academia que el ministro había creado, en plantilla eventual, en el Estado Mayor Central, al mando de quien luego será su primer director, coronel de Infantería DEM Felipe Palacios Costero. Pero no adelantemos acontecimientos, pues ahora toca dar voz a Antonio quien, a la vista de una noticia que publicamos en la web de AMESETE, relacionada con otro momento reviviendo los primeros tiempos de la Academia, a raíz de la puesta en marcha de la iniciativa del vicepresidente, nos remitió el día 12 de abril el siguiente mensaje:
Me llamo Antonio Sospedra Agulleiro, estaba destinado en Talarn en el año 1974 en la unidad de mantenimiento del campamento, cuando el comandante José Luis Urquijo y Chacón me puso a sus órdenes y me comunicó que se había aprobado la creación de la AGBS y teníamos que empezar a montarla.
Perdón por el atrevimiento, pero cuando he visto la Asociación me ha venido la nostalgia y recuerdos de los trabajos efectuados y me he permitido escribirles como reconocimiento de unos cuantos soldados que ayudaron a la creación administrativa y formativa cuando no había estructura militar profesional, hasta que el Estado Mayor Central nos envió a soldados de las diferentes capitanías y la Academia General de Oficiales de Zaragoza a los mandos.
Ya he quedado tranquilo y está nostalgia se ha tranquilizado.
Muchas gracias y disculpen
No creo necesario decir la simpatía y alegría con las que acogimos el mensaje de Antonio el coronel y yo. En principio porque la iniciativa parecía que comenzaba a funcionar al recibir un reconocimiento expreso y en segundo lugar y más importante porque procedía de un sencillo soldado de la denostada “mili” y ubicada en los primerísimos tiempos de nuestra Academia. ¿Qué más podíamos pedir?
Pues…más, por supuesto. Era la ocasión de conocer más y mejor aquellos primeros tiempos y no nos perdimos en sutilezas. El coronel respondió a Antonio con un mensaje de sincero y afectuoso agradecimiento instándole a contarnos más cosas con total libertad. Nos interesaba todo.
La respuesta no tardó en llegar. Una respuesta llena de interesante contenido, de información más exacta y matizada que la ofrecida en el primer mensaje. Una respuesta, en fin, que nos animó a una tercera petición que fue acogida por Antonio con el mismo afecto, simpatía y eficacia que las anteriores.
El fruto de estas dos peticiones es el siguiente.
Efectivamente me siento muy orgulloso de esta etapa de mi vida en la AGBS.
No sé si puede interesar exponer lo que son básicamente experiencias personales, voy a intentar hacer un resumen y pido disculpas porque habrá palabras que no sean militarmente correctas.
Todo empezó, cuando el capitán Vadillo entró en la oficina que teníamos en el campamento y me dice que mañana vendrá un comandante y que ha dado mi nombre para que me presentará a él.
El día siguiente voy al pabellón o nave donde estaba, por cierto, estaba bastante destartalada y al final de ella había una mesa pequeñita y, sentado, el comandante Urquijo y una silla enfrente, empieza explicando el nuevo proyecto de la AGBS y que tenemos que empezar a iniciarlo.
Me da un manual de cómo funciona una Plana Mayor del ejército y me dice léelo y mañana me dices lo que necesitas para montar la Plana Mayor.
Vaya nochecita que pasé, bueno ya estamos en el mañana, le pido un teléfono, un listín telefónico, una máquina de escribir, un armario para poner carpetas e ir organizando documentación para las S1, S2, S3 y S4 y varias cosas de papelería, bolígrafos, etc., etc.,
Lo primero que se hizo fue organizar reuniones con los alcaldes, empresarios de cualquier ramo y personal relevante para que el comandante pudiera explicar las ventajas de tener la Academia en los Pallars, si la memoria no me falla se hicieron en Tremp y Pobla de Segur.
Mientras él estaba tramitando la llegada de tropa y de mando.
La tropa inicial vino a través de las órdenes de la Plana Mayor del Ejército (Estado Mayor Central) a las Capitanías, después ya vinieron del CIR. Exactamente no me acuerdo del número, pero aproximadamente debieron ser unos 40, por cierto, cuando llegaron a la Academia no había donde alojarlos se estaban acabando las obras de la nave dormitorio, en un mismo día se tuvo que inscribirlos y darles un permiso.
Después se empezaron a distribuir y creo que fueron 6 para las secciones de la Plana, yo me quedé en la S1, hasta que llegó un brigada de oficinas militares procedente de la embajada de Washington.
Los mandos fueron llegando de varios lugares entre la Academia General de Oficiales de Zaragoza y otros, este apartado lo desconozco lo llevaba personalmente el comandante.
En la inauguración de la Academia por el entonces Príncipe Juan Carlos con la Princesa Sofía, con asistencias del ministro del Ejército, varios capitanes generales y autoridades y los oficinistas de la Plana Mayor hicimos guardia adentro del recinto donde se celebraba el evento.
Ya en la última etapa del servicio militar llevaba las solicitudes de los alumnos que llegaban en la Academia a la Capitanía General de Barcelona y la colocación de la tropa ante las necesidades de la AGBS.
No entro en detalles de los trabajos administrativos llevados ya que eran los propios de cada sección creo recordar que, básicamente, eran la de Personal.
Este es el resumen del periodo vivido en la AGBS.
Si he podido aportar algo por pequeño que sea ya me doy por satisfecho, agradecerles su atención y a su disposición.

El comandante Urquijo durante el tiempo permanecido en la Academia, fue una
especie de “todo terreno”, desempeñando cargos ajenos al suyo propio como jefe
de la PLMM. En la fotografía se le puede ver como jefe de la Unidad de Tropa
el día 12 de junio de 1975, cuando la Princesa de España, doña Sofía, entregó
la primera Bandera a la Academia y se celebró el acto de Juramento de fidelidad
a la Bandera de la I Promoción.
Un breve inciso para centrar la figura del comandante Urquijo quien, al finalizar la Comisión de Organización de la Academia, consiguió destino en la misma en vacante de Diplomado de Estado Mayor, como jefe de la Plana Mayor de Mando, a mediados del mes de septiembre, permaneciendo en la misma, a diferencia del capitán Vadillo, mucho menos tiempo pues justamente un año después, salió destinado a las Fuerzas Aeromóviles del Ejército de Tierra (FAMET), como jefe de la Unidad de Helicópteros IV, en El Copero (Sevilla).
Lo que Antonio no sabía en aquel momento y, talvez, tampoco ahora, transcurridos más de 50 años, es que el comandante Urquijo, cuando era capitán, junto con otro de Artillería, Alfonso Pardo de Santayana y Coloma quien, con el tiempo, llegaría a convertirse en GE JEME, fueron los dos primeros militares que asistieron en Estados Unidos a un curso de piloto de helicópteros para que el Ejército de Tierra pudiese hacerse cargo del material de ayuda americana que comenzaba a fluir vertiginosamente.
Compruebo otra información que Antonio nos ofrece y que, como en el caso anterior, desconociera como, seguro, le pasó a la gran mayoría de nuestros lectores.

Nos encontramos el día 11 de octubre de 1974, ante la Orden General del Campamento núm. 1 en la que constatamos la presencia de tres personajes que tienen relación directa con nuestro amigo Antonio. Por un lado, el comandante Urquijo como jefe de la PLMM, el capitán Pitarch como jefe de la 1ª Sección y el capitán Vadillo como Inspector de Cocina. Y, muy probablemente, fuese Antonio el encargado de confeccionar dicha Orden por ser competencia habitual de las secciones de personal.

El entonces capitán Pitarch mandaba la 1ª Sección de la PLMM, alcanzando, con el tiempo,
el empleo de teniente general y el cargo de jefe de la Fuerza Terrestre del Ejército de
Tierra.
En este momento, perfilamos mejor la figura del capitán Pitarch, que había sido destinado a la Academia a fina-les del mes de agosto de 1974 pasando a presar sus servicios a la PLMM como jefe de la 1ª Sección donde encontró a Antonio quien, a las órdenes directas, como él mismo nos cuenta más arriba, del comandante Urquijo ejercía de “jefe interino”. El capitán Pitarch, con el tiempo, alcanzó el empleo de teniente general y el mando de la Fuerza Terrestre del ET, aunque para los Básicos…siempre será recordado como el autor de la letra de nuestro himno.
El siguiente eslabón que pretendo confeccionar para unir a la cadena que enlaza directamente con una afirmación de Antonio en el anterior comentario tiene lugar el día 14 de marzo de 1975, cuando se presenta destinado a la Academia el ayudante de 3ª, asimilado a brigada, del Cuerpo de Oficinas Militares, Manuel Abollado Moreno y pasa a prestar sus servicios a la 1ª Sección de la PLMM, donde sigue Antonio, que le cede los trastos como “auxiliar interino” que viene desempeñando desde el mes de agosto del año anterior.
No dispongo de la confirmación de la noticia que nos ofrece Antonio de que el brigada Abollado venía procedente de la Embajada española en Washington, pero sí de que había ingresado en el Cuerpo de OM procedente del Cuerpo de Músicas Militares, donde había alcanzado el mismo empleo.

Edificio de Correos y al fondo el Edificio de Mando donde estaba ubicada
la Plana Mayor de Mando de la Academia.
La historia, la cadena de la que antes hablaba, se forma uniendo estas últimas informaciones que Antonio ha debido olvidar mencionar en sus comentarios, toda vez que se produjeron durante el primer semestre de 1975, cuando, fruto de la colaboración del capitán Pitarch y el brigada Abollado, vio la luz otro de los pilares sobre los que descansa el espíritu, no solo de la Academia sino también de la Escala de Suboficiales, co-mo fue su Himno, aunque en aquella altura solo fuese considerado Canción-Marcha.

Cartilla del Servicio Militar, conocida coloquialmente como “la blanca”, donde
constaban las vicisitudes del interesado durante su permanencia en las Fuerzas
Armadas desempeñando los cometidos que las vigentes leyes marcaban para la
modalidad de “obligatorio”.
Próxima la llegada de la “blanca” y el agobio que Antonio llevaba soportando durante meses, pueden ser las razones por las que solo recordara en sus comentarios que Abollado procedía de la Embajada española en Washington y no de que fuese el creador musical del Himno de la Academia cuando, seguro, que tuvo la oportunidad, trabajando juntos, de más de un comentario al respecto. Pero, seguimos.
Las respuestas al test de preguntas del coronel con objeto de aclarar algunos puntos concretos lo reproducimos en su versión original.
“Apreciado Antonio, la información que nos remites es muy interesante. Para poder elaborar una reseña para nuestra web necesitaríamos que nos concretes una serie de datos, si no tienes conveniente:
– ¿Cuál es tu reemplazo? Me imagino que harías el campamento en Sant Climent de Sescebes y luego te destinarían al Campamento Martín Alonso. ¿Puedes concretar la fecha?
Efectivamente hice el campamento en el 2º (Llamtº), reemplazo del 1974.
Del CIR me mandaron a Lérida al cuartel militar de Gardeny. Me presenté por la tarde del 01 de julio 1974 y al día siguiente por la mañana me mandaron a Talarn. Campamento Martín Alonso, el 02 Julio 1974.
– En el verano de 1974 se encontraban en dicho campamento los aspirantes que querían ingresar en la Academia General Militar. ¿Coincidiste con ellos?
No me acuerdo, pero en verano del 74 todavía no habían las naves preparadas.
– Al estar a la orden del capitán Vadillo, me imagino que en la compañía de Mantenimiento u ¿en otra? mientras el campamento se preparaba para acoger a la 1ª Promoción de la Básica (noviembre de 1974). Exactamente ¿Qué mes empiezas a trabajar con el comandante Urquijo?
Efectivamente estaba en la oficina a las órdenes del capitán Vadillo en la Compañía de Mntenimiento. La fecha exacta que empecé a trabajar a las órdenes del comandante Urquijo debió de ser a final de Julio o mes de agosto 1974.
Me acuerdo en que hacía poco llegué al campamento y el día de la entrevista era caluroso.
– Hasta qué fecha estuviste destinado en la PLMM, me imagino que hasta tu licencia. ¿Me puedes decir la fecha? –
Efectivamente estuve hasta la licenciatura, 15 Julio 1975
– La AGBS tiene un lema que se pintó en el monte Costampla «A ESPAÑA SERVIR HASTA MORIR». ¿Tienes idea de quien pudo ser el ideólogo del mismo?
Lo desconozco, cuando me licencie todavía había el anterior, en la ladera de Santa Engracia
– Si tienes una foto de tu servicio militar en la AGBS y quieres compartirla con nosotros estaríamos encantados de enriquecer visualmente la reseña. Recibe un saludo
Tenía muy pocas, pero he estado mirando en el trastero y no las encuentro.
He adjuntado unas fotografías de la cartilla militar y también dos del escudo de la AGBS que me entregó el comandante el día de la licenciatura.
Muchas gracias y reciban un cordial saludo. A. Sospedra”
Teniendo en cuenta que la historia de la Academia la conté en mi libro con motivo de los 25 primeros años de su existencia, no es de extrañar que en estos momentos no recuerde con precisión cómo conseguí la necesaria información para rellenar los capítulos dedicados a contar el trabajo llevado a cabo por la Comisión de Organización, así como los primeros compases de la vida académica. A la vista de lo que nos cuenta Antonio, es evidente que no tuve la fortuna de poder contar con una información como la suya, ni de lejos, a pesar de que tuve la posibilidad de intercambiar opiniones con mandos que estaban destinados en aquellos momentos en la Academia, incluso con personal laboral que ocupó pronto las primeras vacantes administrativas de los principales órganos académicos.
¿Quién me iba a decir a mí que iba a tener acceso a esa información casi 27 años después y recibirla directamente de uno de sus protagonistas? Increíble…
Por eso me siento muy feliz y agradecido a Antonio pues si a él la noticia de nuestra web le despertó la nostalgia, sus palabras despertaron la mía y, seguro, la de muchos a los que les interesa todo lo relacionado con nuestra Academia. Además, yo, personalmente, quiero ver y llegar más allá, pues la situación creada por el capitán Vadillo y por el comandante Urquijo, dos veteranos soldados con amplia experiencia en el mando, y el segundo de ellos, Diplomado de Estado Mayor, fue curiosamente singular y extremadamente excepcional y no creo estar exagerando un ápice.

Los cometidos de la unidad de tropa han sido muy variados destacando los de seguridad, Policía Militar,
abastecimiento, suministro, obras e instalaciones, administración, técnicos y todos aquellos que se
pudieran necesitar en un momento puntual gracias a la labor de coordinación y control de sus mandos y
la leal y eficaz participación del personal de tropa.
Destaqué páginas atrás las cualidades que el “ojo clínico” del capitán Vadillo vio o, mejor, presagió, en nuestro amigo Antonio a los pocos días de conocerlo, lo cual es ciertamente asombroso, pero aún lo es más, yo diría que insólito, el hecho de que el comandante Urquijo no solamente aceptase la designación de un sencillo soldado de reemplazo, con poco más de tres meses de mili”, como único auxiliar, sino que desde el primer momento le hiciese partícipe de sus reflexiones acerca de las misiones que le encargaba desarrollar en solitario o, como mucho, según se desprende de sus manifestaciones, al frente de un raquítico grupo de soldados llegados, como él mismo, de otros puntos de la geografía catalana más cercanos a sus respectivas familias.
No he debido pensar mucho para encontrar lo solución pues, por mi edad, prácticamente toda mi actividad profesional fue desempeñada en el ámbito de un Ejército basado en el personal de tropa procedente del servicio militar obligatorio y conocedor del mismo, he sabido siempre lo mucho que fue capaz de dar, mezclando su innata alegría de una juventud sana, con las rabietillas mal digeridas de la tercera imaginaria, las duchas al alba o la guardia en el portón trasero del acuartelamiento. La sonrisa cómplice con el joven teniente de similar edad, ante el gesto adusto del veterano sargento, la participación noble y comprometida con unas maniobras en las que se les pedía esfuerzos imposibles durante unos pocos días para volver a continuación a la rutina cuartelera cuando estaban descubriendo que eran capaces de seguir y seguir, aguantando el tipo con redaños y firme voluntad de vencer.
Hace casi 30 años escribía, mientras ejercía de coronel el mando del RCZM. “Tercio Viejo de Sicilia” nº 67, en San Sebastián, las últimas páginas de mi libro, lo siguiente:
“La actividad de la Academia, compleja y sumamente exigente, impuso desde su creación tal ritmo y rigurosidad al apoyo que propició un especial talante de servicio en la unidad encargada de prestarlo. Todas las virtudes militares que hablen de sacrificio, tenacidad, humildad, generosidad y abnegación podríamos adjudicárselas a todos y cada uno de sus componentes pues siempre fueron capaces de servir sin exigir nada a cambio, conscientes de que su misión, oscura y a veces poco reconocida, era esencial para el funcionamiento del centro.
Siempre en un discreto segundo plano, prestos a cualquier necesidad del resto de la Academia, privándose del descanso y pacientes receptores de las exigencias del apoyo, fuese cual fuese, la unidad de tropa constituye un clarísimo ejemplo del que los alumnos deberían tomar buena nota como una de las mejores enseñanzas que han podido recibir durante su formación.
La complejidad de las labores de enseñanza y la propia vida cotidiana de la Academia fueron siempre motivo de preocupación pues los apoyos necesarios deben prestarse con especial puntualidad al no permitir el programa de estudios dilaciones ni retrasos y, menos aún, suspensiones. Lo que hoy no se puede hacer se deberá hacer mañana, pero nunca se deberá dejar de hacer.
Para conseguirlo se contó siempre con una unidad de tropa que, numerosa en sus comienzos y bastante escasa hoy en día, ha sabido dar pronta y eficaz respuesta a cualquier hora del día o de la noche, dentro y fuera de la Academia.
No cabe la menor duda que el celo y competencia de sus mandos tuvieron mucho que ver, pero lo mejor siempre lo pusieron los soldados, con su tradicional austeridad, espíritu de servicio y lealtad. La deuda con ellos será eterna”.
En tu persona, Antonio, como el primer soldado de la AGBS, rendimos justo y emocionado homenaje a todos los soldados que sirvieron a España desempeñando sus cometidos en este Centro de Enseñanza con la competencia, lealtad y eficacia que tú y a partir de tí lo hicisteis. Gracias.
AGBS, 3 de mayo de 2026
General Maldonado
Presidente de la Junta Directiva
Asociación AMESETE